Los 5 mejores hosting en Peru

Actualizado: Octubre de 2019

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✓ Nos hemos suscrito a treinta proveedores de hosting y los hemos probado a fondo
✓ Hemos comparado sus características, su precio y su servicio posventa
✓ Hemos analizado su disponibilidad y su velocidad de carga

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1 / Más popular

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EL GANADOR

Puntuación

2

GoDaddy

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EXCELENTE

Puntuación

3

SiteGround

Increíble servicio de atención al cliente y características avanzadas. Es caro y solo acepta euros, pero vale la pena.

  • Uptime: 99.99% 99% 99%
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MUY BUENO

Puntuación

4

Hostinger

El alojamiento web más económico. Pero no incluye tantas funciones gratuitas como HostGator, o SiteGround.

  • Uptime: 99.97% 99% 99%
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✓ Copia de seguridad: No incluido
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MUY BUENO

Puntuación

5

Neubox

Servicio de atención al cliente Mexicano y pago en MXN. Pero es más caro y no tan completo como HostGator.

  • Uptime: 99.94% 95% 95%
  • Loadtime: 0.66s 93% 93%

✓ Migración de tu sitio web: No incluido
✓ Almacenamiento SSD: 8 GB
✓ Copia de seguridad: No incluido
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MUY BUENO

Puntuación

El mejor hosting del año

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HostGator

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« Producto del año » – SoftwareLab.org

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Nuestro método

A continuación, explicamos qué factores incluimos en el cálculo de nuestra puntuación del editor, lo que cada uno de ellos significa y las fuentes de datos que empleamos.

Nuestro método: Factores

Como sabes, nuestra misión es la de probar a fondo una serie de productos digitales difíciles de digerir y publicar los resultados, para que aquellas personas que necesitáis haceros con ellos tengáis un poco más fácil tomar una decisión. En esta ocasión, el objeto que nos ocupa son los servicios de hosting.

Hemos procedido de la siguiente forma: tras suscribirnos al plan de hosting compartido más asequible de cada proveedor (más de tres decenas de ellos), alojamos en sus plataformas un sitio web creado ad hoc –sencillo, sin florituras, compuesto mediante WordPress. Y, a lo largo de un año, medimos los parámetros más relevantes: la velocidad de carga y la disponibilidad medias. Simultáneamente, evaluamos el trato que la organización ofrece a los clientes y cómo es su respuesta a los problemas que estos les plantean.

Conforme a lo anterior, y juntamente con nuestra valoración de las características ofrecidas frente al precio de suscripción exigido, componemos nuestro análisis, que publicamos y actualizamos al menos una vez al año.

 Y, a continuación, resolvemos las dudas más comunes acerca del hosting:

  • Tiempo activo 25% 25%
  • Velocidad 25% 25%
  • Funciones 20% 20%
  • Precio 15% 15%
  • Atención al cliente 15% 15%

¿Qué es el hosting?

El hosting es un término en inglés que designa la función de dar alojamiento en la red –de ser, más exactamente, un “anfitrión” web. Este tipo de servicio surge porque los sitios que visitamos en internet no flotan en el aire: están contenidos en servidores.

Los servidores son la créme de la créme de la computación: son muchísimo más capaces que nuestros ordenadores y dispositivos electrónicos personales. Hoy en día, se diseñan específicamente para albergar terabytes de sitios web y de sus contenidos, transmitirlos a enorme velocidad y agilizar al máximo las interacciones entre usuarios y direcciones de internet.

Debido a la gran inversión en infraestructura que requieren los servidores modernos, amén de los costes de operación, mantenimiento y actualización, alojar nuestro sitio web en un servicio de hosting puede llegar a ser un dispendio muy considerable –dependiendo de nuestras necesidades. Por ello, además de nuestras recomendaciones expresas de proveedores, te aconsejamos que desgloses los requerimientos de tu sitio web con todo el detalle del que seas capaz;  y que que realices previsiones y las renueves con regularidad: así, no pagarás nunca por cosas que no necesites y, cuando sí las necesites, estarás preparado antes de que los problemas aparezcan. Una mala planificación puede ser devastadora para nuestro negocio en línea.

¿Qué tipos de servicios de hosting existen?

Hosting compartido

La filosofía del hosting compartido es análoga a la del trabajo cooperativo o coworking: varios individuos, cada uno de ellos con su propia actividad, comparten un espacio común del que pagan el alquiler y los gastos de servicios a partes iguales o proporcionales. De este modo, una misma infraestructura sirve a diversas organizaciones de forma simultánea. ¿La ventaja? Un ahorro más que sustancial para todos los implicados.

En el caso del alojamiento web, los usuarios comparten un mismo servidor físico y sus recursos. De este modo, el servicio se vuelve muy asequible, pero las desventajas son múltiples. Por ejemplo: de igual forma que en un espacio de trabajo cooperativo se comparte recepcionista, y que los clientes de cada organización tendrán que hacer cola unos detrás de otros, en el hosting compartido se producirán “colas” para usar los recursos o, sencillamente, estos se compartirán simultáneamente, lo que puede acarrear problemas de rendimiento y velocidad; sería como si el o la recepcionista tuviese que atender a todos los clientes de la cola simultáneamente: extremadamente ineficiente.

Hosting en servidores privados virtuales, o VPS

En los VPS, lo que se hace es recrear múltiples servidores individuales dentro de un servidor físico. Estos servidores son virtuales, es decir: se generan mediante software diseñado a tal fin. Las ventajas son variadas y de gran calado. Por ejemplo, podremos asignar a nuestro servidor virtual una o varias CPU del servidor físico, además de su sistema operativo; teóricamente, no tendremos restricciones a la hora de asignar tanta memoria RAM como deseemos; y, por supuesto, el espacio en disco es ampliable a voluntad.

Así, los VPS son una alternativa realmente interesante que participa un poco del hosting compartido y otro tanto del dedicado. Es una solución híbrida de coste intermedio.

Hosting dedicado

Si tu sitio web se encuentra solo, cabalgando sobre múltiples núcleos de procesamiento por verdes praderas, con el sol de un ancho de banda ilimitado en el rostro, no te angusties: estás en un servidor dedicado, ¡y no soñando con uno!

En efecto, el hosting dedicado es la ambición dorada de cualquier propietario de negocio digital –pero, para poder permitírnoslo, nuestro sitio web deberá gozar en la red de un éxito comparable al que Gladiator tuvo en los cines. A fin de cuenta, el hosting dedicado es lo… ¿Máximus?

Los costes de un servidor para nosotros solos serán, ciertamente, estratosféricos. Pero, si nuestras necesidades reales o de crecimiento justifican el gasto, gozaremos además de una importantísima ventaja añadida: una seguridad incrementada por la ausencia de otros usuarios que pudiesen –potencialmente— hackear nuestro sitio web a través de alguna vulnerabilidad desconocida. 

¿Cuáles son las características de un plan de hosting?

Ancho de banda

El caudal de datos que puede transmitirse entre un sitio web, los ordenadores de los usuarios e internet a lo largo de un período determinado constituye el ancho de banda. Para negocios pequeños, con solo unos pocos miles de visitas mensuales, el ancho de banda no suele ser una preocupación. Pero, a medida que el tráfico crece, el ancho de banda se vuelve crucial –entre otras cosas, afecta de lleno a la velocidad y al rendimiento.

Una regla de uso es multiplicar el número de visitantes diarios por el tamaño medio de nuestras páginas web y por el promedio de páginas a las que accede cada visitante. Así, obtenemos el ancho de banda diario. Si lo multiplicamos por 30 días, tendremos una buena estimación de nuestras necesidades mensuales.

Por ejemplo, digamos que mi blog, trantrán.es, en el que hablo de la cantante Rosalía, recibe 1000 visitantes diarios. Mi blog consta de una única página de 100 kilobytes, de modo que, a diario, consume un ancho de banda de 100.000 kB, es decir: 100 megas diarios. A lo largo de un mes, consumirá, de media: 30 x 100 megas = 3000 megas = 3 gigabytes diarios.

Es muy aconsejable multiplicar esta cifra por uno o por dos para dejarse margen de maniobra si un día logramos volvernos virales o el tráfico es intenso debido a fenómenos estacionales (p. ej., el Black Friday).

Espacio en disco

Lo primero, recuerda este nombre: unidad de estado sólido, o SSD por su acrónimo en inglés. Esta tecnología, que remeda la de las tarjetas de memoria flash de toda la vida pero a mayor escala, es prácticamente un requerimiento hoy en día. La velocidad con la que será posible acceder a nuestros archivos será muchas veces superior a la que podremos alcanzar con los discos duros antiguos y su matraca magnética.

Más allá de investigar este punto con nuestro proveedor de hosting, hemos de tener presente que el espacio en disco, aunque fácilmente ampliable, no tiene como objeto guardar en él nuestra biblioteca de iTunes o nuestra colección de fotos; los contratos con los servicios de hosting, de hecho, suelen dejar meridianamente claro que solo podrán guardarse en nuestra cuenta aquellos archivos imprescindibles o directamente relevantes para el funcionamiento de nuestra web.

Si contravenimos estas condiciones, lo más habitual es que sintamos la venganza de nuestro anfitrión en línea en forma de estrangulamiento de nuestro ancho de banda –y, con ello, ¡directamente en nuestro bolsillo!

Certificado SSL

No, la SSL no es una talla de camiseta “Súper-súper-grande” –aunque a algunos nos vendría requetebién. En realidad, los certificados SSL son archivitos que se intercambian entre los dispositivos que participan conjuntamente en una transacción en internet. Ello incluye, en su modo más simple, la mera visita de un internauta a una página web.

Ese diminuto archivo va a contener información sobre las organizaciones o las personas participantes. En el caso de una empresa, podremos consultar cosas como sus estatutos, por ejemplo. En el caso de individuos, quizá encontremos en el certificado la fotografía que figura en el carné de conducir de una persona. Toda esta información se guarda en el certificado para atestiguar quién está realmente interaccionando con quién. Además, el SSL establece una conexión encriptada y, por ello, más segura.

En este apartado, la regla es sencilla: No SSL, no party, que dicen los millennials. Para no ser cargantes con tanto anglicismo: sin certificado, no hay trato. La brecha de confianza que se abrirá entre nuestro sitio web y un usuario que no identifique el consabido icono del candadito – epítome del protocolo https://– será el abismo donde se hundan todas las expectativas de nuestro negocio.

Dominio

Solía decirse de los ordenadores que eran “los tontos más listos del mundo”: lo hacen todo muy bien, pero hay decirles constante y exactamente cómo –que es en lo que consiste la programación. Y, para comunicarnos con ellos, hemos desarrollado muchísimos lenguajes (C++, Python, Basic, Java y cientos más) que actúan de interfaz entre los programadores, que son humanos y emplean palabras, y los ordenadores, que son máquinas y solo entienden de números.

Algo parecido sucede al nivel de los sitios web: los ordenadores los identifican y localizan a través de las llamadas direcciones IP, que no son sino ristras numéricas difíciles de gestionar para nuestros cerebros. Tu madre no te dice: “Javier, acércate a 560.894.08.234 a comprar el pan”. “560.894.08.234” será, para nosotros, “la panadería de Pepe” o “la panadería” a secas. Para reconciliar estas diferencias entre personas y máquinas, surgen los dominios.

Los dominios son nombres que se eligen para que los usuarios tengamos bien claro a dónde accedemos cuando las introducimos en el navegador. Por ejemplo: “panaderiadepepe.com”. Esas terminaciones, “.com”, “.es” y demás, impondrán que paguemos más o menos a la hora de registrar nuestro dominio –trámite ineludible y que nos obligará a un pago periódico.

 Sin embargo, para nuestro ordenador, “panaderiadepepe.com” se lee como “560.894.08.234”. Aquí no hay vuelta de hoja.

Disponibilidad

Hoy en día, encontramos proveedores de servicios de hosting –en particular, empresas de alojamiento web en la nube— que publicitan disponibilidades del 100 %. Ello significa que nos garantizan que nuestro sitio web estará siempre accesible. Esto es algo que puede haber sucedido en retrospectiva, pero es estrictamente imposible de garantizar.

Los servidores requieren de mantenimiento. Tiene que actualizar su software, ampliar su memoria, restaurar bases de datos que se corrompen… Y sufren ataques informáticos de lo más variopinto, desde intrusiones para robar datos a ataques de denegación de servicio. Un huracán o un terremoto pueden arrasar su infraestructura, o causar un apagón eléctrico que dure días. La combinación de errores previsibles e incidentes imprevisibles es demasiado potente como para ignorar que existe, siempre, el riesgo real de que nuestro sitio web se “caiga” de la red.

Con todo, el acceso virtual a distintos servidores que permite el hosting en la nube parece haber desatado las ínfulas de ciertas organizaciones. Desde aquí, te prevenimos contra ello, y te recomendamos que optes por ofertas menos fantasiosas. Disponibilidades del 99,95 % están a la orden del día y, aunque debemos siempre inquirir al proveedor sobre su infraestructura –que será costosísima si quieren responder a la expectativa que ellos mismos generan—, debemos también hacer un seguimiento de nuestro sitio web en términos de rendimiento: de poco sirve que un usuario pueda ver la página de nuestro negocio en línea si no puede efectuar compras a través de ella.

Velocidad de carga

Es difícil enfatizar apropiadamente la importancia de la velocidad de carga. Ya no vivimos en los tiempos del clic de ratón, vivimos en la era del roce de los dedos sobre una pantalla. Toda la interactividad que tanto nos maravilla y que compiten por mejorar todas las grandes empresas tecnológicas del planeta se basa en la respuesta inmediata a nuestros gestos, a nuestra voz o incluso a nuestra mirada.

En este contexto, un segundo de tiempo de carga equivale a una eternidad de espera. Tres segundos, a una eternidad de olvido. Es una realidad cruel pero cierta, medida por numerosos estudios que confirman, una y otra vez, que este es, probablemente, el factor crucial que decidirá el progreso o el descalabro de un negocio en línea.

Recuerda que tu negocio no flota solo en el vacío, sino que compites por el bien más preciado del universo digital: la atención de los internautas. Y esa atención es una atención dividida entre ventanas y pestañas que se abren y se cierran en un parpadeo. Si una de esas pestañas que se cierran es la de nuestro sitio web, tal vez no vuelva a abrirse nunca más para el usuario que la cerró.

Si dos planes de hosting difieren solo en esta característica, nuestra recomendación es esta: apuesta fuerte. Aquí, lo barato puede costarte muy caro.

¿Qué es un servidor de nombres de dominio (DNS)?

Los DNS, fieles a su vocación de servidores, almacenan datos y alojan sitios web; pero, en concreto, guardan la ubicación de miles de estos últimos en forma de dirección IP.

Cuando introducimos en el navegador un dominio, nuestro ordenador envía una consulta al servidor DNS: “¿Dónde está esta página web?”. El servidor DNS le hace llegar la respuesta –p. ej., 342.987.34.234—, de modo que podamos establecer una conexión con el servidor que aloja, efectivamente, el sitio al que deseamos acceder.

En cierto sentido, los servidores DNS son como tu abuela, que es la única que sabe cómo se llaman y dónde viven todos los vecinos del pueblo –y sin tener que rezarle un padrenuestro a San Antonio, que lo encuentra todo.

¿Qué servidor web es mejor: Linux o Windows?

Aquí nos topamos con una decisión que va a estar condicionada, en gran medida, por a) nuestras preferencias personales y b) la compatibilidad de determinadas aplicaciones que estemos obligados a o, sencillamente, prefiramos, usar.

Hay una serie de casos en los que quizás podamos ayudarte a decidirte rápidamente. Por ejemplo, si vas al límite de tu presupuesto, Linux es gratuito, mientras que Windows es de pago. Además, Linux es tremendamente versátil, siendo así que, si poseemos conocimientos informáticos avanzados, podremos personalizarlo en altísimo grado conforme a nuestras necesidades específicas.

Si no ejecutamos scripts, o si los scripts que ejecutamos están programados en algún lenguaje basado en Unix, Linux es también una opción por la que será fácil decantarse. Lo mismo es aplicable si trabajamos con bases de datos de gran compatibilidad con este sistema operativo (desde Oracle a IBM DB2, MySQL, PostgreSQL o MariaDB).

Por otro lado, el sistema operativo de Microsoft posee numerosos adeptos. Suele aportar interfaces muy pulidas y fáciles de usar, además de potentes. Trabajar con cosas como Microsoft Server SQL o bases de datos en Access, además, convertirán a Windows en nuestra única opción, dada su compatibilidad exclusiva con el SO de Microsoft.

 

Tibor Moes

Tibor Moes

Analista tecnológico

Entusiasta de la tecnología y fundador de SoftwareLab. Posee titulaciones universitarias en Ingeniería y Administración de empresas, y su actividad en el análisis de software, productos electrónicos y servicios digitales se remonta a 2013.

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  1. Los 5 mejores hosting
  2. Nuestro método de prueba
  3. Preguntas frecuentes
    1. Qué es el hosting
    2. Tipos de hosting
    3. Características de hosting
    4. Qué es un servidor DNS
    5. Linux o Windows?

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