Los 5 mejores hosting en Argentina

Actualizado: Octubre de 2019

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✓ Nos hemos suscrito a treinta proveedores de hosting y los hemos probado a fondo
✓ Hemos comparado sus características, su precio y su servicio posventa
✓ Hemos analizado su disponibilidad y su velocidad de carga

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2

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EXCELENTE

Puntuación

3

SiteGround

Increíble servicio al cliente y características avanzadas. Es caro y solo acepta euros, pero vale la pena.

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MUY BUENO

Puntuación

4

Hostinger

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MUY BUENO

Puntuación

5

Neubox

Hospedaje mexicano: Servicio al cliente local y pago en MXN. Pero es caro y no tan completo como HostGator.

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MUY BUENO

Puntuación

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Nuestro método

A continuación, explicamos qué factores incluimos en el cálculo de nuestra puntuación del editor, lo que cada uno de ellos significa y las fuentes de datos que empleamos.

Nuestro método: Factores

Existe una verdadera constelación de servicios de hosting para alojar nuestros contenidos en la red. Determinar a ciencia cierta cuál da mejor cobertura a nuestras necesidades puede conllevar una inversión de tiempo considerable. Ahí entramos nosotros: tras estudiar minuciosamente más de tres decenas de servicios, te contamos nuestro proceso para calificarlos:

1. Adquirimos un plan de hosting compartido de cada una de las empresas seleccionadas
2. Para cada proveedor, utilizamos una plantilla de WordPress para constituir una plataforma de contenidos web
3. Realizamos un seguimiento de su disponibilidad y velocidad de carga. El marco temporal es de un año
4. Sometemos a escrutinio las diversas funcionalidades y el servicio de atención de cada proveedor en relación con la cuantía de la suscripción
5. Hacemos públicas nuestras decisiones, que nos aseguramos de poner al día todos los años.

Lo que se puede ver en nuestra lista a día de hoy es una ordenación basada en promedios de rapidez de carga y fiabilidad, nuestra impresión de la atención recibida, las características ofrecidas y la cuantía de la suscripción.

  • Tiempo activo 25% 25%
  • Velocidad 25% 25%
  • Funciones 20% 20%
  • Precio 15% 15%
  • Atención al cliente 15% 15%

¿Qué es el hosting?

Cualquiera que finalice la ardua tarea de desarrollar un sitio web se enfrenta, al final del proceso, con una realidad que pocas veces anticipamos los usuarios de internet hasta llegar a esa situación: “Y ahora ¿dónde cuelgo esto?”. En efecto, internet, la red de redes, vive de contenidos alojados en servidores —que son equipos informáticos configurados a tal fin. Nuestra experiencia en línea sería prácticamente imposible sin ellos.

Tanto el coste de los servidores como el de su software, operación y mantenimiento son elevados. Los proveedores de hosting nos ofrecen planes de suscripción para nuestros sitios web, de modo que, a cambio de la misma, estos logren hacerse un hueco en la red. Pero, para no pagar en demasía, debemos refinar lo más posible el cálculo de nuestras necesidades reales, así como hacer una previsión de cómo podrían evolucionar.

¿Qué tipos de servicios de hosting existen?

Hosting compartido

El hosting compartido es el más económico, como cabe intuir: en él, una multiplicidad de usuarios hace un uso colectivo de un mismo servidor, cuyos costes pagan de forma respectiva y proporcional a su uso. Es como si el servidor físico fuese una tarta y cada uno de los propietarios de los sitios web alojados en él pagasen por un trozo de la misma. Podemos pagar por un trozo más grande o más pequeño, pero en la práctica, todos los usuarios pagan por una parte de la tarta.

¿Qué problemas conlleva el hosting compartido? Al usar todos los propietarios el mismo sistema operativo y los mismos recursos, los sitios interfieren en su rendimiento mutuo. Si nuestro sitio web necesita usar más memoria RAM en un momento dado —es decir, si nuestro trozo de la tarta necesita ser más grande temporalmente—, entrará en conflicto con otros sitios que necesiten lo mismo o ya están consumiendo más. Por decirlo de alguna forma, todos los trozos de la tarta necesitan crecer en determinados momentos, pero no hay tarta suficiente para ello. Entonces, del otro lado del símil, lo que sucede es que los sitios se ralentizan y su rendimiento general empeora.

Si optas por un paquete de hosting compartido, contacta con el proveedor para informarte de las especificaciones ofrecidas —pero evita preguntar por los “trozos de tarta dinámicos”, por si te miran raro.

Hosting en servidores privados virtuales, o VPS

En el caso de los VPS, lo que tenemos son muchas tartas “imaginarias” (servidores virtuales) dentro una tarta real (el servidor físico). El milagro de los programas de emulación y las máquinas virtuales permite algo que parece intuitivamente imposible: nuestro sitio web ya no se corresponderá con un trozo de tarta, sino con una tarta entera, de la que podremos elegir el sabor (el sistema operativo), el color (la potencia de la CPU) y el tamaño (espacio en disco, memoria RAM), entre otros elementos —tales como un ancho de banda ilimitado.

Esta es una solución a caballo entre lo compartido y lo dedicado que participa, además, de ambos conceptos.

Hosting dedicado

El alojamiento web dedicado hace honor al adagio de los norteamericanos “comerse la tarta y seguir teniendo una tarta” (have your cake and eat it, too), que alude a combinar dos opciones teóricamente incompatibles. Traducido en términos de hosting, tenemos una tarta para nosotros solos —el servidor— y nos la “comemos” solitos sin que desaparezca: todos los recursos del sistema están a nuestra exclusiva disposición, y podemos personalizar las características del servidor a nuestro antojo (memoria RAM, espacio en disco, número y potencia de los procesadores, aplicaciones, etc.)

El coste del hosting dedicado, sin embargo, es prohibitivo salvo para aquellos sitios web que, gracias a su conversión y tráfico de usuarios, generan un enorme caudal pecuniario. Es como un enorme y suntuoso pastel de boda que observásemos en el escaparate de una pastelería, pero que nunca concebiríamos permitirnos hasta que la feliz ocasión lo justifique.

¿Cuáles son las características de un plan de hosting?

Ancho de banda

El ancho de banda es una característica un tanto engañosa de los planes de hosting, en el sentido de que, a menudo, se nos ofrece un ancho de banda “ilimitado” y es necesario comprender lo que esto significa para poder calcular nuestras necesidades reales de forma precisa.

Podemos definir el ancho de banda como la cantidad de datos que podemos transmitir a los visitantes de nuestro sitio web durante un determinado período de tiempo. Esto es sencillo de comprender con el símil de un grifo de agua y el diámetro de salida del mismo: a mayor diámetro, mayor volumen de agua —es decir, mayor número de internautas pueden visitar nuestra web e interaccionar con ella simultáneamente.

Sin embargo, los servidores poseen, a grandes rasgos, un diámetro de tubería determinado e inamovible —más allá de mejoras físicas que, en realidad, también poseen un tope. Cuando los proveedores nos prometen un ancho de banda ilimitado, suelen referirse —de hecho, suelen definirlo específicamente en su pliego de condiciones— a que no se impondrán restricciones sobre el ancho de banda del servidor, es decir, que podremos utilizarlo al máximo. Lo que no significa, definitivamente, es que tengamos un ancho de banda infinito; en cualquier caso, cuando mayor sea nuestro ancho de banda y cuantas menos restricciones se impongan sobre su uso, menos problemas tendrá nuestro negocio en línea en ocasiones de tráfico intenso —algunas de ellas tan previsibles y paradigmáticas como el famoso viernes negro o Black Friday.

Espacio en disco

El concepto de espacio en disco de un servidor es exactamente el mismo que para un ordenador o cualquier dispositivo electrónico de uso personal; su rasgo más importante es que es limitado. Contrariamente al dicho “El saber no ocupa lugar”, la información digital ocupa un espacio virtual determinado. De hecho, solemos hablar también del peso de los archivos para referirnos a su volumen en disco —la física de lo virtual no es tan distinta de la real.

Cuando diseñemos un sitio web, habrá una serie de elementos que mostremos a nuestros visitantes: una cierta cantidad de texto, un logotipo, imágenes diversas —o incluso contenidos interactivos como tablas o bases de datos. Todos estos archivos deben estar almacenados en el servidor de nuestro proveedor de hosting, que nos cobrará una suscripción más costosa cuanto mayores sean nuestras necesidades de espacio en disco.

Por ello, debemos asegurarnos de que todos los contenidos que archivamos en el disco duro del servidor sean relevantes y formen parte integral de nuestra web; lo contrario —por ejemplo, querer usar nuestra cuenta de hosting para almacenar las dos mil fotos de nuestra boda— acarreará repercusiones. En ciertos países es incluso ilegal hacer ese uso de los servicios de hosting, por no mencionar que nuestro proveedor podría penalizarnos con un menor ancho de banda como castigo al uso ilegítimo de sus servicios o, directamente, cancelar nuestra cuenta.

Certificado SSL

Lo que más necesitas saber del certificado SSL es que, si tu sitio web está dedicado al comercio en línea y es plataforma para transacciones económicas —principalmente, mediante tarjeta crédito—, vas a necesitarlo —lo quieras, o no.

El por qué es simple: los certificados SSL cumplen una doble función:

a) Nos comunican la identidad de quien compra nuestros productos o servicios, desde sus estatutos fundacionales a fotografías recogidas en servicios gubernamentales. Esa confirmación identitaria, unida al establecimiento de una conexión encriptada con nuestro cliente, reduce al mínimo la posibilidad de fraude o de interceptación de los datos intercambiados por parte de terceros

b) Nuestro cliente obtiene ventajas similares: sabe quiénes somos nosotros, y que nosotros somos realmente nosotros (y no un sitio de phishing o similar treta ideada por los hackers). El que nuestro sitio web posea un certificado SSL incrementa enormemente nuestra fiabilidad a ojos de potenciales clientes, mientras que su ausencia origina un efecto igualmente potente, pero de signo contrario: nadie se atreverá a realizar transacciones en nuestro sitio web si no ve el consabido símbolo del candado al inicio de la barra de direcciones de su navegador.1

Dominio

Cada ordenador conectado a internet posee un identificador único denominado dirección IP. Este identificador tiene una forma poco manejable para los internautas, del tipo: 987.978.04.345. Si imaginamos que cada uno de los sitios web que visitamos mientras navegamos por la red posee un identificador semejante y único, es fácil darse cuenta de que manejarse con ellos sería una tarea solo al alcance de un replicante —los humanos sintéticos del universo de Philip K. Dick.

Para posibilitar el uso de internet tal y como lo conocemos hoy en día, se crearon los dominios: nombres, en el sentido más humano de la palabra, que podemos idear a nuestro antojo y a los que podemos asignar una terminación del tipo: .website, .net, .co, etc. Por ejemplo, la zapatería de Charo podría tener una página web cuyo dominio fuese “charoshoes.es”.

Un factor restrictivo es que los dominios más intuitivos y concisos probablemente estarán registrados a nombre de otra empresa o usuario. La red lleva funcionando ya varias décadas y, en ese tiempo, la competencia por hacerse por un dominio impactante o fácil de recordar ha sido feroz. Además, conviene tener presente que los nombres de dominio deben renovarse periódicamente, o perderemos nuestros derechos sobre ellos.

Disponibilidad

De poco sirve que nuestro sitio web esté exquisitamente diseñado desde un punto de vista estético, o que proveamos un servicio realmente útil y de calidad, si nuestros contenidos no están disponibles de forma fiable. Precisamente, fiabilidad es otro de los nombres para referirnos a la disponibilidad.

La disponibilidad suele medirse como el número de horas que un sitio web está en línea a lo largo de un año. Este número deberá —idealmente— acercarse a un 100 % de las horas potenciales tanto como sea posible. Sin embargo, todos quienes utilizamos las redes sabemos por experiencia que, a pesar de todos los cuidados y precauciones, las redes terminan por caerse, tarde o temprano.

Además de los imprevistos, hemos de considerar que tanto los servidores como sus aplicaciones y bases de datos requieren de un mínimo mantenimiento que ha de realizarse fuera de línea. Como resultado de ambas circunstancias, es imposible garantizar una fiabilidad del 100 %.

Ello no significa que no haya proveedores que prometen precisamente eso: la disponibilidad absoluta. En tales casos, recomendamos preguntar al proveedor sobre los detalles de su infraestructura, que tendrán que estar solo un poco por debajo de la necesaria para sobrevivir a un holocausto nuclear… ¿Exageramos? Quizás. Levemente. La cantidad de redundancias del sistema necesarias para garantizar una disponibilidad continuada, la inversión en equipos para montar un centro de datos, contar con personal cualificado para la administración de los sistemas, o unos estrictos protocolos de acceso, convierten las instalaciones de los proveedores que prometan una disponibilidad absoluta en lugares donde Tom Cruise tendría problemas para colarse.

Así pues, nuestro consejo es optar por garantías más realistas, siempre por encima del 99,95 %. Si una empresa de hosting es honesta con nosotros en sus planteamientos, es más probable que puedan satisfacer en la práctica nuestras pretensiones. Consideremos, además, que si Google estima que nuestra fiabilidad es deficiente, nos defenestrará en las listas de resultados —damnificando, irremisiblemente, nuestro volumen de negocio.

Velocidad de carga

La velocidad de carga, es decir, el tiempo que les lleva a nuestros contenidos desplegarse a ojos del internauta y permitir la interacción con el mismo, es un factor crucial a la hora de decidirse por un plan de hosting. La velocidad de carga probablemente sea la que moldea en mayor medida la experiencia de usuario de nuestros clientes y visitantes: una experiencia ágil nos granjeará una valoración positiva, pero que no será siquiera comparable al impacto devastador que nos acarreará un sitio web lento y de interactividad mermada.

No se trata únicamente de la experiencia de usuario, sino de la tasa de conversión monetaria —cuántas de nuestras visitas se traducen en una compra o un retorno económico— y del hecho de que los visitantes de nuestro sitio web podrán recurrir a servicios similares en otros sitios que ofrezcan una mejor respuesta. Por supuesto, Google, celosa de garantizar una buena experiencia a sus usuarios, tendrá muy en cuenta la velocidad de carga de nuestro sitio web a la hora de posicionarlo.

¿Qué es un servidor de nombres de dominio (DNS)?

Los servidores DNS, o servidores de nombres de dominio, constituyen un importante nodo dentro de la red de redes. Almacenan las URL de los sitios web y les asignan su correspondiente dirección IP: es decir, son los mediadores entre nosotros, los humanos —quienes escribimos direcciones alfanuméricas basadas en palabras o frases— y las máquinas, que solo entienden de números.

En realidad, su función se parece bastante a un traductor automático de idiomas —aunque, dado que la correspondencia URL-dirección IP es unívoca, es decir, solo hay un resultado válido, funcionan bastante mejor que aquellos. Les damos algo como www.netflix.com y ellos nos encuentran la dirección IP para ver Las chicas del cable; en realidad, son un poco como Las chicas del cable, pero sin el glamour.

En la era de internet, el servidor DNS probablemente sea el mejor amigo del hombre, con permiso del perro. Nos permiten utilizar nuestra lengua para comunicarnos con unas máquinas que bien pudiesen estar hablando en klingon: las entenderíamos, prácticamente, en la misma medida.

¿Qué servidor web es mejor: Linux o Windows?

Desde el punto de vista de lo que hacen, ambos sistemas operativos son equivalentes; seremos nosotros quienes debamos elucidar la mejor opción en función de nuestros requerimientos y de lo que, en definitiva, nos guste más.

Dado que ambos sistemas difieren en términos de cuantía de inversión, lo versátiles y estables que puedan ser, o en lo fácil de su utilización, no hay una respuesta definitiva a esta cuestión, aunque sí una casuística que nos ayudará a aclarar el panorama.

Linux: Es el sistema operativo por defecto para todo lo que esté relacionado con Unix —scripts de PHP, Perl o Python, por ejemplo. También suele tener compatibilidad con bases de datos del tipo MySQL o PostgreSQL.

Windows: Si debemos ejecutar scripts ASP o hacemos uso de .NET , amén de otras creaciones de la antigua empresa de Bill Gates, Windows es la elección más segura. También aporta compatibilidad con Microsoft SQL Server y Access, como no podía ser de otro modo.

Realmente, si nuestros contenidos web no exigen ejecutar scripts, Linux nos basta y nos sobra —siempre será menos gravoso para nuestros bolsillos. En caso contrario, las tecnologías que empleemos nos exigirán la plataforma con mayor grado de compatibilidad con las mismas.

Tibor Moes

Tibor Moes

Analista tecnológico

Entusiasta de la tecnología y fundador de SoftwareLab. Posee titulaciones universitarias en Ingeniería y Administración de empresas, y su actividad en el análisis de software, productos electrónicos y servicios digitales se remonta a 2013.

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  2. Nuestro método de prueba
  3. Preguntas frecuentes
    1. Qué es el hosting
    2. Tipos de hosting
    3. Características de hosting
    4. Qué es un servidor DNS
    5. Linux o Windows?

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