Los 5 mejores hosting en Colombia

Actualizado: Octubre de 2019

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✓ Nos hemos suscrito a treinta proveedores de hosting y los hemos probado a fondo
✓ Hemos comparado sus características, su precio y su servicio posventa
✓ Hemos analizado su disponibilidad y su velocidad de carga

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Puntuación

2

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EXCELENTE

Puntuación

3

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MUY BUENO

Puntuación

4

Hostinger

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MUY BUENO

Puntuación

5

Neubox

Hospedaje mexicano: Servicio al cliente local y pago en MXN. Pero es caro y no tan completo como HostGator.

  • Uptime: 99.94% 95% 95%
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MUY BUENO

Puntuación

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Nuestro método

A continuación, explicamos qué factores incluimos en el cálculo de nuestra puntuación del editor, lo que cada uno de ellos significa y las fuentes de datos que empleamos.

Nuestro método: Factores

La oferta de servicios de hosting es más rica y variada que la dieta mediterránea, y es fácil sentirse superado por las posibilidades a la hora de tomar una decisión. Lo sabemos porque hemos pasado por la ordalía, más de treinta veces con más de treinta proveedores, de modo que a ti te resulte más fácil elegir uno.

El proceso que seguimos es muy simple: después de suscribirnos al servicio más barato de hosting compartido de un proveedor, seleccionamos una plantilla de WordPress y elaboramos con ella un sencillo sitio web. A partir de ahí, y a lo largo de un año completo, medimos su disponibilidad y su velocidad de carga, amén de las aplicaciones y servicios de los que disfrutemos. Después, lo contraponemos todo al precio del paquete de hosting y evaluamos el servicio de posventa del proveedor. El resultado lo puedes leer en nuestro sitio web, y lo actualizamos con una frecuencia anual —como mínimo.

Resumiendo: en nuestros análisis compendiamos los siguientes factores:

  1. Promedio de disponibilidad
  2. Promedio de velocidad de carga
  3. Atención al cliente
  4. Características del plan de hosting
  5. Precio del plan de hosting

Y, a partir de estos análisis, elaboramos nuestra lista de clasificación.

  • Tiempo activo 25% 25%
  • Velocidad 25% 25%
  • Funciones 20% 20%
  • Precio 15% 15%
  • Atención al cliente 15% 15%

¿Qué es el hosting?

Los usuarios tenemos un conocimiento esencialmente práctico de cómo funciona internet. Introducimos una dirección en un navegador, aguardamos un instante y ¡voilá! Los contenidos aparecen ante nuestros ojos. Sin embargo, raramente nos preguntamos dónde residen todas estas maravillas. Constantemente oímos hablar de internet y de “la nube”, y seguramente por eso tendamos a creer que habitan en el cielo o en el espacio, cuando la realidad es un tanto más prosaica.

Los sitios web que visitamos en internet se alojan en enormes servidores, que son computadores de gran capacidad construidos para almacenar ingentes cantidades de archivos y bases de datos, de modo que estén disponibles a solo un clic de ratón. Las organizaciones que ofrecen un servicio de alojamiento web se denominan empresas de hosting y, básicamente, desarrollan su negocio alquilando a otras empresas o individuos el uso de sus servidores y aplicaciones, de modo que todos podamos mostrarle al mundo nuestros contenidos, productos o servicios.

¿Qué tipos de servicios de hosting existen?

Hosting compartido

En esta modalidad del alojamiento web, la consigna es la de los mosqueteros de Alejandro Dumas: “Todos para uno, y uno para todos”. Existe un único servidor, cuyos recursos del sistema son explotados simultáneamente por todos los abonados. Dado que los costes de operación se dividen entre ellos de forma proporcional al uso que realizan del servidor, el hosting compartido es, económicamente, el más ventajoso. Sin embargo, las pegas abundan, de entre las cuales destaca la falta de fluidez a la hora de cargar los contenidos.

Hosting en servidores privados virtuales, o VPS

Un servidor privado virtual consiste en la emulación de un servidor mediante un software específico. Así, en un único servidor físico se da cabida a múltiples servidores independientes —el número va en función de los recursos del sistema que los aloja.

El grado de personalización de los VPS es alto, de forma que podemos asignarles una CPU específica (o varias) dentro del servidor, una plataforma de software acorde a nuestro gusto, memoria RAM para parar un tren y un ancho de banda de aquí a mañana. Todo ello, sin obligarnos todavía a rascarnos el bolsillo al nivel de un servidor dedicado.

Hosting dedicado

Llegamos, finalmente, a la joya de la corona: los servidores dedicados. Entre nosotros, si estás considerando esta opción, se abren varios interrogantes. Primeramente: ¿cuánto ganas al mes? Y, sobre todo, ¿no tendrás veinte euros sueltos? Perdón, divagamos. Déjanos felicitarte por el éxito de tu sitio web: solo aquellos que gozan de un tráfico y una tasa de conversión exorbitantes pueden y deben considerar tener un servidor para sí solos (¿solo, dices? ¿Tienes pareja? Ah. Vaya).

Además de la cornucopia de recursos a nuestra constante disposición que abren los servidores dedicados, una de las razones de peso para optar por ellos es la seguridad: no existe el peligro de que otros usuarios que compartan servidor físico con nosotros puedan explotar alguna vulnerabilidad del sistema para fisgar or robar datos.

¿Cuáles son las características de un plan de hosting?

Ancho de banda

El ancho de banda se corresponde con el número de usuarios que pueden descargar simultáneamente en sus dispositivos la información necesaria para acceder a nuestro sitio web tras establecer una conexión con el servidor que lo aloja.

Prever cuánto ancho de banda vamos a necesitar requiere de un análisis cuidadoso. Es uno de los factores más difíciles de calcular, debido a los picos de tráfico que puede experimentar nuestra web, ya sean previsibles y estacionales, o súbitos e imprevisibles.

Si estás familiarizado con los juegos en línea, habrás oído hablar, recientemente, del lanzamiento de World of Warcraft: Classic. Ha tenido tanto éxito que los jugadores han colapsado los servidores durante las primeras semanas, con decenas de miles de jugadores intentando acceder al mismo tiempo, e incluso han tenido soportar colas de siete u ocho horas hasta estar en línea.

Este comportamiento, sin embargo, es exactamente lo opuesto a lo que quieres que suceda con tu sitio web: a menos que regales lingotes de oro, nadie va a querer hacer cola para acceder a tu servidor. Es más: en la mayoría de los casos, solo tienes unos pocos segundos antes de que un cliente en potencia decida buscarse las castañas en un sitio que funcione mejor que el tuyo.

La moraleja es: escudriña bien los paquetes de hosting y el ancho de banda real que ofrecen. Un ancho de banda insuficiente será la soga que estrangule tu negocio —paradójicamente— en tus momentos de mayor éxito.

Espacio en disco

El cálculo de nuestras necesidades de espacio en disco es relativamente sencillo. Hemos de tener en cuenta que ese espacio debemos dedicarlo exclusivamente a los elementos —imágenes, textos, archivos de cualquier tipo, bases de datos— integrales de nuestro sitio web, es decir: aquello que este requiere para funcionar y que el usuario debe descargar en su ordenador. Desde esta premisa, es fácil prever cómo crecerán nuestras exigencias de espacio en disco cuando rediseñemos o ampliemos nuestra plataforma en línea.

Un término concomitante a este apartado es el de las SSD o unidades de estado sólido. No son, ni mucho menos, una novedad, pero no es menos cierto que muchos servidores —por antiguos o por ser de gama más baja— no las incluyen por defecto. La velocidad a la que operan es varias veces superior a la de los discos duros tradicionales, de modo que merece la pena optar por ellas.

Certificado SSL

Un certificado SSL (Secure Socket Layer en inglés, “capa de conexión segura” en español) consiste en un pequeño archivo que se intercambia entre las partes participantes de una transacción en la red y contiene información que verifica la identidad de estas. De esta forma, tanto clientes como empresas tienen la seguridad de que no incurren en una operación fraudulenta.

Mediante el SSL, se cifra la conexión y los datos se ocultan a ojos de terceros. Si tenemos un negocio en línea, de la naturaleza que sea, tener un certificado SSL es prácticamente obligatorio para gozar de la confianza de nuestros clientes. De hecho, muchos antivirus nos impiden acceder siquiera a cualquier sitio web sin SSL o cuya verificación resulte dudosa.

Dominio

Cuando nace un hijo, suelen sucederse debates más o menos intensos en el seno familiar para determinar cómo se va a llamar el niño (o la niña): ¿se llamará Kevin Kostner de Jesús, en honor al actor favorito de mamá? ¿O Segismundo, como el abuelo de papá? En lo que hay menos debate es en cuál será su número del carné de identidad: sencillamente, no está en nuestras manos.

El nombre de los sitios web se conoce como dominio, p. ej., elcorteingles.es. El dominio será también, simultáneamente, la dirección donde los internautas podrán acceder al sitio. Es decir: es un doble identificador. Triple, en realidad, dado que ese mismo dominio tendrá asociada una dirección IP: una larga cadena numérica que se emplea para identificar dispositivos y ubicaciones en la red. Un dominio es, a la vez, nombre, dirección y DNI.

Algo en lo que nombres y dominios sí difieren fundamentalmente es en el hecho de que muchísimas personas distintas pueden compartir el mismo nombre; los dominios, por contra, son únicos. No existen dos dominios iguales.

Disponibilidad

Desde un cataclismo, a uno de eso temidos ataques de denegación de servicio: hay muchos motivos imprevisibles por los que pueden caerse una red o un servidor. También los hay previsibles y programados: mantenimiento de equipos, bases de datos o actualizaciones de software. El caso es que no es posible garantizar que nuestro sitio web va a estar accesible el cien por cien del tiempo.

Ese tiempo, las horas anuales en que sí esté en línea, se conoce como disponibilidad. Una disponibilidad absoluta es la quimera que persiguen tanto los proveedores de hosting como sus clientes; pero, incluso aunque nos encontrásemos una lámpara mágica en la arena y, tras frotarla, le pidiésemos al genio una fiabilidad del 100 % para nuestro sitio web, hasta este ser sobrenatural se reservaría un margen de error. Por ello, si te encuentras una lámpara mágica, te recomendamos fervientemente que pidas cualquier otro deseo.

Ya hablando en un plano más realista, si un proveedor nos garantiza una disponibilidad del 100 %, debemos emplear el escepticismo como método y pedir que nos guíen por los entresijos de la infraestructura necesaria para asegurar tal porcentaje —poco alejada del nivel de seguridad de un silo de misiles. Extensas redes de servidores redundantes y geográficamente distantes, regulación de los flujos de aire, de humedad y temperatura, múltiples generadores eléctricos de emergencia, matrices de discos duros, y un larguísimo etcétera… Solo para empezar a hablar.

Sea como fuere, una empresa de hosting que nos garantice una fiabilidad del cien por cien nos recuerda, ominosamente, a la temeridad del capitán del Titanic. Es mejor reducir unas centésimas nuestras expectativas y centrarnos en cifras por encima del 99,95 % —disponibilidades que sí son alcanzables de forma consistente.

Velocidad de carga

La velocidad de carga es un factor crucial para un sitio web. La rapidez con la que transmite sus elementos al usuario y este puede ver en su pantalla una página perfectamente formada, interactiva y ágil es proporcional al número de clientes potenciales y al beneficio que obtendremos de sus visitas.

No es solo un tema de comodidad, o de tiempo, sino también de fiabilidad. Si cada vez que navegamos por las páginas de un sitio web tenemos que esperar una eternidad (y, en los tiempos que corren, una eternidad son tres segundos), podremos ser presa de la ansiedad y desistir.

Pensemos en esas páginas de transacciones de las aerolíneas y en las dudas que nos generan cuando hacemos clic en un botón que nos alerta de no pulsarlo dos veces para no efectuar un doble pago… pero, tras diez segundos, aún no sabemos si la transacción se ha llevado a cabo o no. Ciertamente, no es una experiencia de usuario satisfactoria, y puede hacernos perder clientes de modo instantáneo. Peor aún: puede enviarlos, en el futuro, directamente a nuestra competencia.

Así lo entiende también Google, que castiga duramente la parsimonia en la carga de los sitios web, relegándolos en los resultados de búsqueda. Pensemos que no son solo nuestros propios elementos los que necesitan cargarse; también cosas como los certificados SSL, los scripts de los anuncios en línea, etc. —todo se vuelve en nuestra contra si nuestro hosting no aporta la agilidad necesaria.

¿Qué es un servidor de nombres de dominio (DNS)?

Nuestro conocimiento, a nivel de usuarios de internet, de los servidores DNS, no suele derivarse de una buena experiencia: la mayoría de nosotros reconoce el término de los mensajes de error que recibimos cuando intentamos establecer una conexión fallida, siendo a menudo el caso que “no se ha encontrado el servidor DNS”.

¿Qué significa, realmente? Cuando tecleamos un nombre de dominio en la barra del navegador, ya mencionamos que este tiene asignada, automáticamente, una dirección IP: 3.14.16… No, un momento, ese es el número Pi… Sería algo como esto: 234.790.09.123. Esa dirección IP es la ubicación, en un servidor, de la página web a la que tratamos de acceder. El servidor DNS es el encargado de comunicar la cadena numérica a nuestro ordenador, de modo que podamos acceder a la página.

Es un mecanismo simple de asociación y consulta, pero ese es, precisamente, el fundamento de internet tal y como lo experimentamos a diario.

¿Qué servidor web es mejor: Linux o Windows?

La disyuntiva infantil de “¿A quién quieres más: a papá o a mamá?” podría ilustrar parcialmente el dilema que nos ocupa en este apartado. Ello es porque la decisión puede venir marcada, en gran medida, por preferencias personales y perfectamente subjetivas —todo depende de qué sistema operativo nos aporte mayor confianza y satisfacción, ya que, a nivel de lo que hacen, son equivalentes.

Donde sí habrá pautas que nos dirijan en una u otra dirección será en aquellos casos en los que tengamos que usar tecnologías específicas que solo sean compatibles con uno de ellos. Aunque realicen la misma función, existen muchas diferencias entre Linux y Windows.

Linux va como un tiro para ejecutar scripts de todo lo que tenga su origen en Unix (Perl/PHP/Python). Además, soporta gestores de bases de datos relacionales como MySQL o bases de datos como PostgreSQL, ambos de código abierto. La gran ventaja es su gran versatilidad y, por supuesto, que es un sistema operativo gratuito.

Windows es un sistema operativo de pago, pero muchos usuarios aprecian la mayor facilidad de uso del sistema, que, en líneas generales, es más accesible. Además, si estamos acostumbrados a trabajar con él, resulta lógico que nos atraiga emplear tecnologías y aplicaciones propias del mismo —todo queda en casa de Microsoft. Las aplicaciones del gigante informático solo son compatibles al 100 % con Windows, de modo que si empleamos scripts ASP o utilizamos .NET —entre otras maravillas de los chicos de Bill Gates—, Windows será la mejor opción. Obviamente, el sistema operativo es compatible con Microsoft SQL server o las bases de datos de Access.

Tibor Moes

Tibor Moes

Analista tecnológico

Entusiasta de la tecnología y fundador de SoftwareLab. Posee titulaciones universitarias en Ingeniería y Administración de empresas, y su actividad en el análisis de software, productos electrónicos y servicios digitales se remonta a 2013.

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  1. Los 5 mejores hosting
  2. Nuestro método de prueba
  3. Preguntas frecuentes
    1. Qué es el hosting
    2. Tipos de hosting
    3. Características de hosting
    4. Qué es un servidor DNS
    5. Linux o Windows?

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