Los 5 mejores hosting WordPress baratos

Actualizado: Octubre de 2019

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✓ Nos hemos suscrito a treinta proveedores de hosting y los hemos probado a fondo
✓ Hemos comparado sus características, su precio y su servicio posventa
✓ Hemos analizado su disponibilidad y su velocidad de carga

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Puntuación

2

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EXCELENTE

Puntuación

3

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Increíble servicio al cliente y características avanzadas. Es caro y solo acepta euros, pero vale la pena.

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MUY BUENO

Puntuación

4

Hostinger

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MUY BUENO

Puntuación

5

Neubox

Hospedaje mexicano: Servicio al cliente local y pago en MXN. Pero es caro y no tan completo como HostGator.

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MUY BUENO

Puntuación

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Nuestro método

A continuación, explicamos qué factores incluimos en el cálculo de nuestra puntuación del editor, lo que cada uno de ellos significa y las fuentes de datos que empleamos.

Nuestro método: Factores

Cuando por fin nos decidimos a abordar ese blog que siempre quisimos escribir sobre la apicultura con abejas carpinteras, o agarramos el toro por los cuernos para montar como es debido nuestro sitio web para vender enanos de jardín, nos topamos con un dilema: ¿Dónde debemos alojarlo? No es una pregunta baladí, ya que los servicios de hosting cuestan dinero y, si no medimos bien nuestras necesidades, podemos acabar pagando un ojo de la cara por habernos excedido en nuestras previsiones —o, análogamente, por haberlas infravalorado.

Siempre con nuestra vocación de serte de ayuda en mente, nos hemos suscrito y les hemos dado un repaso a fondo a decenas de servicios de hosting. Los hemos analizado todos de forma metódica mediante los siguientes pasos:

  1. Suscripción al paquete de hosting compartido más apañadito de precio
  2. Creación de un sitio web facilón a través de WordPress
  3. Cronómetro en mano, medimos cuántas horas anuales está disponible y la media de su velocidad de carga
  4. Le quitamos la cáscara a sus características, al precio de la suscripción y a su servicio de atención al cliente y lo picamos todo muy fino. Lo ponemos en una olla a fuego lento durante doce meses.
  5. Te servimos nuestro análisis calentito y te cocinamos uno nuevo cada año —es un poco como ese exquisito besugo que solo te comes en Navidad, o como el que ha escrito estas líneas (ya le había dicho al jefe que este becario no valía)

 Y, para que lo tengas todo clarito desde el principio, respondemos ahora a todo lo que siempre quisiste saber sobre el hosting y nunca te atreviste a preguntar:

  • Tiempo activo 25% 25%
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¿Qué es el hosting?

Internet nos ha cambiado la vida a todos de formas que, probablemente, ni podamos imaginar aún. Sin embargo, ese ejercicio de imaginación sí solemos hacerlo a la hora de creer que todas esas páginas web, periódicos digitales y tiendas en línea habitan, flotando, el aire que respiramos, o que orbitan en torno a la Tierra a bordo de una nave espacial. La realidad es mucho más mundana: todo lo que vemos, oímos y disfrutamos en la red está alojado en servidores: una hueste computadores que, como indica su nombre, sirven contenidos a nuestros propios dispositivos personales.

Estos servidores actúan como repositorios de archivos y sitios web de todo tipo. Están diseñados para realizar su trabajo de forma eficiente, pero su mantenimiento resulta muy costoso. Ahí entran los servicios de hosting: por un módico precio —o por uno exorbitante, en función de lo que contratemos—, nuestros anfitriones digitales nos abrirán, amablemente, la puerta de entrada a la red de redes, almacenando y haciendo accesibles a los internautas nuestros contenidos.

¿Qué tipos de servicios de hosting existen?

Hosting compartido

Esta modalidad participa de la bella simplicidad que es pagar algo a medias: sea un bocadillo, una partida de futbolín o una base de datos IBM Db2 en un servidor multinúcleo. En el hosting compartido, un número determinado de usuarios alojan sus respectivos sitios web en un mismo servidor físico, cuyos recursos se reparten entre ellos en función de la demanda. El uso y mantenimiento del servidor se paga entre todos los usuarios.

¿La pega? En realidad, hay unas cuantas. La más evidente es la lentitud: dado que los sitios web operan independientemente unos de otros, pero consumen recursos de un mismo reservorio, es inevitable que sus necesidades entren en conflicto —produciéndose carencias de memoria RAM, por ejemplo, que afectarán a cómo el servidor traslada sus contenidos a los usuarios, o cuántos pueden consultarlos en un momento determinado.

Hosting en servidores privados virtuales, o VPS

¿Recuerdas la película de The Matrix? Rebaja tu entusiasmo: no, no eres el elegido. Sencillamente, queremos que entiendas mejor este apartado. Y, de igual forma que en ese clásico de la ciencia-ficción las máquinas recreaban un mundo artificial en la mente de una humanidad durmiente, en los VPS unas aplicaciones específicas recrean múltiples servidores dentro de un único hardware. Cada una de esas recreaciones se conoce como un servidor privado virtual.

En este tipo de hosting se abre todo un abanico de posibilidades: podemos asignar uno o varios núcleos del procesador a nuestro VPS, determinar a nuestro antojo si queremos Linux o Windows y con qué paquete de programas, inflar la memoria RAM a la par de nuestra inflación de tráfico, y muchas cosas más.

El hosting VPS navega entre dos aguas, poniendo a nuestra disposición lo mejor de dos mundos: el hosting compartido y el dedicado. Si nos cuesta decidirnos, hay una regla de probada utilidad: “¡No hay cuchara!”.

Hosting dedicado

El hosting dedicado son palabras mayores; realmente, nuestros requerimientos tienen que salirse del gráfico para apostar decididamente por esta opción. El alojamiento web en servidores dedicados es el Cadillac del hosting —en comparación, las dos opciones anteriores son como surcar la red en un dos caballos.

Podremos configurar hasta el menor detalle de nuestro servidor, con una ventaja crucial: la seguridad añadida que se deriva de la exclusividad de uso. Por así decirlo: en un servidor dedicado no hay vecinos cotillas atentos a nuestras conversaciones privadas, de modo que reducimos drásticamente el riesgo de intrusión.

Eso sí, el leasing de nuestro flamante servidor será una espada de Damocles sobre nuestro negocio: necesitaremos mantener o aumentar el nivel de tráfico y de retornos económicos de nuestro sitio web si no queremos que nos desahucien.

¿Cuáles son las características de un plan de hosting?

Ancho de banda

¿Qué es eso de que no has visto aún Juego de Tronos? ¿Vives en una cueva? Y, en tal caso, ¿qué haces consultando planes de hosting?

Pero vayamos al grano. Si fueses un fiel seguidor de las andanzas de Khaleesi y compañía, tal vez hubieses experimentado lo mismo que muchos miles de usuarios de HBO: ver cómo se colapsa un servidor por excesivo número de conexiones simultáneas. Esta es nuestra forma —un tanto retorcida, lo reconocemos— de traer a colación el ancho de banda: la capacidad de servir a nuestros usuarios todos los contenidos que necesitan para visualizar nuestro sitio web.

Cuanto mayor ancho de banda poseamos, podremos transmitir un mayor número de datos a un mayor número de visitantes al mismo tiempo, de forma que nuestro servidor será capaz de lidiar con picos de tráfico de gran intensidad. Eso, precisamente, fue lo que no previó HBO: tanta gente quiso ver el último episodio de la serie simultáneamente que se superaron las previsiones de recursos del servidor, que acabó por dar un disgusto monumental a los fans durante varias horas.

Dar con el ancho de banda ideal para nuestro tráfico es una tarea ardua, precisamente porque el tráfico de un sitio web es volátil —pero las consecuencias de un error de cálculo pueden ser devastadoras para nuestro negocio, de modo que merece la pena sentarse delante de una hoja de cálculo y empezar a meter números hasta tener una buena idea de cuándo vamos a necesitar cuánto. Nada peor que ver cómo nuestro sistema se va al traste ante nuestros ojos en medio de la locura de las compras de Navidad.

Espacio en disco

Este apartado lo conoces bien de tu propio ordenador o teléfono móvil. La experiencia nos dicta que quedarse sin espacio en disco es más fácil de lo que en un principio parece –poco a poco, vamos copando nuestra capacidad de almacenaje a base de fotos, archivos multimedia o aplicaciones, hasta que no nos queda otra que empezar a borrarlos. Idealmente, podremos evitar este problema en nuestro servicio de hosting, por varias razones.

En primer lugar, porque toda cuenta de hosting pone a nuestra disposición un mínimo de espacio en disco que suele ser suficiente para un sitio web estándar. Tengamos en cuenta que el objeto de este espacio en disco no es subir a nuestra cuenta vídeos de gatitos, ni las 3.500 fotos de nuestras vacaciones en Menorca. Debemos guardar en él únicamente aquellos archivos que sean relevantes y necesarios para que los internautas puedan acceder a nuestra web y esta se cargue por completo en sus navegadores.

La segunda razón es que, de todos los factores, este es el más fácil de prever. Si necesitamos ampliar nuestro espacio en disco, lo sabremos con bastante antelación y será fácil anticiparnos.

Una única recomendación en este apartado: asegúrate de que tu sitio web se aloja en una unidad de estado sólido (las archifamosas SSD) y no en un disco duro magnético. Sin entrar en tecnicismos, la SSD gana por goleada en los apartados de velocidad y fiabilidad. Además, si un servidor no viene con SSD de serie, lo más probable es que esté anticuado también en otras especificaciones.

Certificado SSL

El certificado SSL es prácticamente una obligación para cualquier sitio web que se precie y quiera inspirar confianza en visitantes y clientes. Si nuestra organización carece de él, nuestras posibilidades en el mercado del comercio electrónico decaen exponencialmente.

La razón es la seguridad que aporta a las transacciones. Un certificado SSL no es otra cosa que un archivo –de muy pequeño volumen— que se intercambia entre los equipos participantes en algún tipo de interacción: desde visitar una página web a realizar operaciones de banca en línea. Ese archivo contiene información contrastada sobre nosotros, de modo que se garantiza que todos seamos quienes decimos ser. Es la piedra angular sobre la que se edifica cualquier negocio de comercio electrónico.

Además, el SSL encripta las conexiones con nuestro sitio web, cerrándole la puerta en las narices a los temibles y ubicuos piratas informáticos.

Dominio

“¡Taxi, por favor! ¡Lléveme rápidamente a 304.876.09.765!”. ¿Te imaginas la cara del taxista? Pues así nos sentiríamos también nosotros si tuviésemos que operar en internet introduciendo direcciones IP en nuestro navegador –y, lo que es peor, teniendo que recordar la IP de cada uno de los sitios que visitamos.

Los ordenadores solo saben de números: ese es el lenguaje en el que se entienden con servidores y otros equipos. Pero los humanos somos más de letras; necesitamos asociar lugares y cosas a un nombre –más o menos complejo— para poder recordarlas y ubicarlas.

Eso, precisamente, son los dominios: nombres para sitios web. Con la particularidad, de que ese mismo nombre lo ponemos en la barra de nuestro navegador también a modo de dirección. Si queremos visitar la página web de Nike, por ejemplo, tecleamos “nike.com”. Si queremos ir a Amazon, “amazon.com”, u otro subdominio del tipo “.es” (para su página de España), “.tr” (Turquía), “.de” (Alemania), etc.

La variedad de subdominios es enorme, y pueden aparecer al principio o al final del dominio. Debemos pensar cuál se ajustará mejor a nuestra página, ya que hay una diferencia ostensible en precio a la hora de registrar nuestro dominio (p. ej., .com es mucho más caro que casi todos los demás).

Recuerda que muchos servicios de hosting nos ofrecen la posibilidad de activar por defecto su opción de renovación automática de dominio –lo que nos puede ahorrar un buen disgusto si se nos olvida hacerlo manualmente. El negocio de los nombres de dominio ha sido de lo más boyante desde los inicios de internet.

Disponibilidad

Por disponibilidad se entiende el tiempo que un sitio web permanece accesible y operativo dentro de un determinado período de tiempo. Tal período de referencia suele ser de un año, pero hemos de asegurarnos de leer bien nuestro contrato, ya que nuestro proveedor podría definir su propio marco temporal.

Hay un par de cosas que hemos de tener claras en torno a la disponibilidad: 

1. La primera de ellas, que garantizar una disponibilidad del 100 % es virtualmente imposible. Hay una miríada de cosas que pueden echar abajo ese porcentaje. Para empezar, todos los sistemas necesitan mantenimiento y actualizaciones, y los servidores no son una excepción. Incluso una infraestructura diseñada con múltiples duplicidades y una enorme inversión (configuración RAID de almacenaje, reflejos entre servidores, redundancia geográfica) es susceptible de sufrir incidencias a varios niveles simultáneos, desde catástrofes naturales a ataques DDOS contra sitios web específicos.

Movernos en disponibilidades superiores al 99,95 % es más aconsejable y, aunque la diferencia pueda parecer nimia, traducida en horas y en pérdidas de volumen de negocio está muy lejos de serlo.

2. De poco sirve que nuestro sitio web esté técnicamente disponible si nuestro servidor sufre problemas de rendimiento, o si nuestro ancho de banda y velocidad de carga están estrangulando nuestras transacciones. Por ello, la disponibilidad puede ser muy engañosa. Debemos monitorizar con regularidad el funcionamiento de nuestro sitio web y escuchar muy atentamente a nuestros clientes, ya que sus quejas nos alertarán de potenciales cuellos de botella o situaciones que deberemos resolver a la mayor brevedad. Nuestra fuente de ingresos depende de ello.

Velocidad de carga

La rapidez con la que conseguimos que nuestro sitio web aparezca visible en la pantalla de nuestros usuarios con perfecta capacidad para interactuar con ellos es un aspecto clave de los servicios de hosting. Aquí nos enfrentamos al terreno de la ciencia y las matemáticas.

¿Te suena la regla de los cinco segundos? Varía de familia en familia, pero consiste en eso que les dicen algunos padres a sus hijos cuando se les cae el bocadillo al suelo: “Si lo recoges en menos de cinco segundos, aún te lo puedes comer”.

Dejando de lado la poca base científica de una práctica desaconsejable, baste decir que eso cinco segundos, en el caso de tu sitio web, se convierten en tres; más de tres segundos para cargar tus contenidos y nadie va a querer recoger tu página de ese suelo virtual donde la pisotearán los motores de búsqueda.

Es una cadena difícil de romper, pero inexorable. Cuantos más usuarios ahuyente la lentitud de tu página, menos fiable la considerarán los algoritmos, relegándola hacia el final de la lista de resultados. Por ello, no debemos escatimar nunca esfuerzos en este apartado. La velocidad de carga no solo es dinero: puede condicionar el éxito o el fracaso de nuestra iniciativa empresarial.

¿Qué es un servidor de nombres de dominio (DNS)?

Un servidor DNS es, sencillamente, un repositorio que comunica a los dispositivos que intentan acceder a un sitio web su dirección IP, toda vez que hayamos introducido nosotros previamente su nombre o dominio en la barra de direcciones de nuestro navegador. Podemos pensar en ellos como intérpretes entre el lenguaje de las direcciones IP y el lenguaje humano, o como los navegadores GPS de internet: les decimos con palabras a dónde queremos ir y ellos lo traducen en coordenadas.

Los servidores DNS cumplen, pues, una labor indispensable. Son, en realidad, los héroes en la sombra de internet, a los que les damos, injustamente, el papel de villanos: el servidor DNS es a menudo el cabeza de turco de los mensajes de error cuando no logramos establecer una conexión con un sitio web

¿Qué servidor web es mejor: Linux o Windows?

“La respuesta, amigo mío, está en el viento” –en el sentido de que el criterio es volátil. Más allá de la necesidad estricta de uno u otro en función de su compatibilidad con las aplicaciones o características que deseemos usar, Linux y Windows desarrollan la misma labor de forma encomiable –cada uno con sus particularidades.  

Linux y Unix van como anillo al dedo. Si nuestro sitio web no ejecuta scripts, o si estos están escritos en lenguajes de la familia de Python y compañía, podemos dejarlo ya aquí, pues no necesitaremos de nada más. Su gratuidad y extraordinaria versatilidad solo chocan con una menor facilidad de uso frente a Windows.

Windows es un sistema extraordinariamente popular e intuitivo, si lo comparamos con Linux. Trabajar con Linux presupone un mayor conocimiento de informática, mientras que Windows permite agilizar y racionalizar muchos procesos sin que el usuario se inmiscuya en excesivo detalle.

Además, estéticamente, es un producto más refinado y, algo muy importante: si nos gusta trabajar con otros programas de Microsoft –p. ej., si desarrollamos nuestras bases de datos en Access o somo fans de .NET—, Windows es la única plataforma que nos va a garantizar una compatibilidad del 100 %.

La desventaja frente a Linux: Windows es un sistema operativo de pago, de modo que nuestra suscripción al servicio de hosting se encarecerá necesariamente.

Tibor Moes

Tibor Moes

Analista tecnológico

Entusiasta de la tecnología y fundador de SoftwareLab. Posee titulaciones universitarias en Ingeniería y Administración de empresas, y su actividad en el análisis de software, productos electrónicos y servicios digitales se remonta a 2013.

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  1. Los 5 mejores hosting
  2. Nuestro método de prueba
  3. Preguntas frecuentes
    1. Qué es el hosting
    2. Tipos de hosting
    3. Características de hosting
    4. Qué es un servidor DNS
    5. Linux o Windows?

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